Para líderes que toman decisiones de alta consecuencia con información incompleta, tiempo limitado y stakeholders con intereses distintos. Un día para desarrollar frameworks y prácticas que mejoren la calidad de esas decisiones.
Hay decisiones importantes que se postergan porque el equipo espera tener "más información".
Las decisiones de alta consecuencia se toman de manera reactiva, sin un proceso estructurado.
Los líderes toman buenas decisiones en su área pero no tienen un lenguaje común para las decisiones transversales.
Después de implementar una decisión, el equipo no sabe exactamente por qué fue buena o mala.
La presión del contexto lleva a decisiones que priorizan lo urgente sobre lo importante.
Hay sesgos cognitivos que el equipo reconoce en retrospectiva pero no puede evitar en el momento.
La calidad de una organización no la define la cantidad de decisiones correctas — la define la calidad del proceso con el que toma decisiones. Una organización con un buen proceso de decisión puede aprender de sus errores, mejorar con el tiempo y generar confianza entre sus integrantes. Una organización sin proceso repite los mismos errores sin entender por qué.
El problema de decidir bajo presión sin un marco es que la presión lleva a reproducir los atajos cognitivos de siempre: el sesgo de confirmación, el pensamiento grupal, la sobreconfianza, el foco en lo urgente sobre lo importante. Son sesgos que todos conocen en abstracto y que casi ningún equipo puede evitar en el momento sin un proceso deliberado.
La diferencia entre suerte y habilidad en las decisiones de alta incertidumbre es exactamente esa: el proceso. Una buena decisión no es la que tuvo buen resultado — es la que fue tomada con el mejor proceso disponible dado el contexto. Este taller construye ese proceso y lo hace propio del equipo.
"Una buena decisión no es la que tuvo buen resultado. Es la que fue tomada con el mejor proceso disponible dado el contexto."
El equipo trae decisiones reales tomadas en los últimos meses — buenas y malas. El facilitador usa esos casos como punto de partida para diagnosticar el proceso actual de decisión del equipo.
No todas las decisiones son iguales. Construcción de la taxonomía del equipo: reversibles vs. irreversibles, urgentes vs. importantes, individuales vs. colectivas. Marco de referencia para decidir cómo decidir.
Introducción y práctica del análisis de escenarios para decisiones con alta incertidumbre. Técnica de pre-mortem: imaginar que la decisión falló y trabajar hacia atrás para identificar los riesgos más probables.
Identificación de los sesgos más frecuentes en el equipo a partir de los casos trabajados por la mañana. Técnicas concretas de debiasing aplicables en el momento de la decisión.
Diseño del proceso de revisión de decisiones del equipo: cómo documentar el razonamiento, cuándo revisar, quién participa y cómo extraer aprendizaje organizacional continuo.
El equipo adopta la plantilla de registro de decisiones y el protocolo de pre-mortem. Definición de cómo y cuándo usar cada herramienta a partir del día siguiente.
Cierre con compromisos concretos. El facilitador sintetiza los acuerdos del proceso y las herramientas que el equipo se lleva para implementar de inmediato.
Combina doce años de práctica en consultoría estratégica con investigación aplicada en economía del comportamiento. Ha trabajado con equipos directivos de empresas medianas y grandes en el diseño de procesos de decisión más robustos.